Aromatizar el aceite: En una sartén pequeña a fuego suave, vierte el aceite de oliva y añade el sésamo (o matalahúva). Fríelo durante un par de minutos con cuidado de que no se queme, solo hasta que empiece a desprender su aroma. Retira de la sartén y deja enfriar por completo.
Preparar la masa: En un bol amplio, coloca la harina y añade el aceite ya frío con las semillas aromatizadas, el azúcar, el vino dulce, el licor de anís, la canela y la ralladura de limón.
Integrar: Mezcla los ingredientes con una espátula o cuchara de madera hasta que comiencen a unirse. Termina amasando ligeramente con las manos hasta formar una bola compacta, suave y manejable.
Estirar y dar forma: Espolvorea un poco de harina sobre la encimera. Estira la masa con el rodillo hasta dejarla con un grosor homogéneo de unos 1 cm. Con un cortapastas redondo (o la boca de un vaso pequeño), corta círculos. Usa un descorazonador de manzanas para retirar el centro y formar la rosca. (Los recortes sobrantes puedes volver a unirlos y estirarlos).
Horneado: Coloca los roscos sobre una bandeja cubierta con papel vegetal. Hornea con calor arriba y abajo a 170 °C durante unos 30 minutos (el tiempo exacto puede oscilar entre 28 y 32 minutos según la potencia de cada horno), hasta que veas que cogen un tono ligeramente dorado.
Acabado navideño: Retira la bandeja del horno y, aún en caliente, reboza generosamente cada rosco en azúcar glass. Deja enfriar por completo sobre una rejilla para que queden con su textura crujiente característica.